1.27.2018

"La Tormenta de Don Gregorio" jugó 3 temporadas con las Estrellas y una con el Licey


El  periodista deportivo Bienvenido Rojas  tituló con el mote de “La Tormenta de Don Gregorio” a Vladimir Guerrero,  por este ser oriundo del paraje denominado Don Gregorio, en la provincia Peravia, donde nació el 9 de febrero de 1976. 

Vladimir tiene varios días muy ocupados en Nueva York. Cumplirá 42 años dentro de 14 días. Tiraba y bateaba a la derecha, mide de estatura 6 pies y 3 pulgadas, pesando 235 libras. 

Mañana regresa al país donde se espera lo que pudieramos decir será una Fiesta Nacional desde su llegada al aeropuerto internacional José Francisco Peña Gómez, con una parada artística musical y con mucho bla bla bla que no le gusta al ex Grandes Ligas, pero que es imposible de rechazar ya que se la da el gobierno.

Desde ahí, a su lugar favorito, Nizao, donde se quitará el saco y la camisa manga larga para acomodarse como le gusta, como vive la gente que le quiere como lo mejor que han tenido en la zona desde que se retiró en el 2012.k 

Agrego esta nota de Cuqui Córdova publicada en el Listin Diario martes, 10 de septiembre de 2013.

El nativo del municipio Don Gregorio, Nizao, debutó en el “Big Show” en fecha 19 de septiembre de 1996 y en la Liga Dominicana su actuación apenas es de 39 partidos, en los cuales su promedio de por vida es de 295, producto de haber actuado en 149 partidos, 20 anotadas, 44 hits, 3 jonrones y 14 remolcadas.
Aquí, en nuestro país, únicamente intervino con las “Estrellas Orientales” durante tres temporadas y una con el “Licey”.
En su paso por el Béisbol Mayor, siempre jugó en los bosques y de bateador designado. Participó en 2,147 desafíos, logrando 2,590 hits, 477 dobles, 46 triples y 449 jonrones. Además impulsó 1496 carreras y finalizó con un average ofensivo de 318 puntos; en seis series divisionales disparó para 310.
Los motivos de Vladimir abandonar el béisbol, según su propia versión, las lesiones de su rodilla derecha y el hecho de querer dedicar más tiempo a su familia, esposa e hijos. 
Aun cuando el sureño no aprendió hablar inglés en toda su estada en el país norteamericano y tenía que valerse de un intérprete, con el bate no necesitaba saber ningún idioma, pues fue un bateador contundente. 
Era una bestia con el madero y poseía un rifle en su brazo, rapidez en sus piernas, y a pesar que le tiraba a las bolas malas, igual que Jesús Rojas Alou, chocaba la esferoide donde más podía doler.


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