12.11.2016

Periodista dominicano viaja desde NY a su país y pide oremos por su seguridad.

No soy un agnóstico ni un ecléctico; simplemente no creo. Aunque alguna vez ayude al padre Crispín en la iglesia Santa Bárbara, al paso del tiempo le dije a a ese cura; por cierto, era revolucionario, que no creía en su Dios.
Digo esto a propósito de que casi estoy en Santo Domingo, y como sigo siendo el mismo; que no me cuido y sigo visitando los barrios de la parte alta de la capital, al margen de que soy un "Condero", quiero que los que sepan rezar y todavía me estiman, oren por que no me pase nada.
No tengo enemigos, y si los tengo soy yo que los elijo; pero los delincuentes no discriminan asaltan a cualquiera. Hasta ahora, por mi carácter abierto, mi cuadre de "Pepe el malo" y no discriminar a nadie, he tenido suerte.
Y, aunque no tenga Dios, tengo muchos. Esta contradicción se corresponde con un individuo que le agradece a todos los que me vieron crecer y pasar trabajo estoicamente. Tal vez por ellos es que hasta ahora he tenido suerte.
Perecería irónico, pero con todo y lo que sufrimos cuando gobernaba Joaquín Balaguer, estoy seguro que si hubiese sido él quien gobernara en estos momentos, ya se hubiera pronunciado contra los desmanes de la delincuencia,  hubiese implementado un plan ingenioso para frenar ese flagelo.
Danilo Medina no dice nada. Y no es sólo porque no tenga condiciones intelectuales, sino porque en el fondo es un individuo convencional y temeroso. La diferencia es, que sabe amarrar políticamente, y además los dominicanos todavía toleramos las inconsistencias políticas.
Por eso son eternos; paradójicamente, en el vecino país de Haití, más fallido que nosotros, la población es menos conformista en cuanto a la repetición de presidentes que no desean.
Retornando al tema quiero decir que, cuando estoy presto a ir a Santo Domingo experimento la alegría propia de aquellos momentos cuando me dieron libertad en el penal de La Victoria; aunque muchos no lo crean, aquí uno se siente acorralado como si tuviera cumpliendo una pena en una gran celda. 
Gracias anticipadas a todos los que me deseen suerte, aunque no lo manifiesten.

Fernando de León

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