8.26.2016

Los Tucano y el primer acto de corrupción en la isla, por Andrés L. Mateo

He escrito varios artículos sobre el salmantino Cristóbal de Santa Clara, quien fue el primer corrupto juzgado en la isla de Santo Domingo, y quien encarna, además, el primer gran símbolo de la impunidad. 
También es el primer corrupto datado que recogen las crónicas con un  dejo de aspavientos  y de admiración. El padre Las Casas lo define como “un joven de buen carácter, medio poeta, dicharachero y gracioso, que llegó a la isla acompañando al mismo Ovando en el año 1502”. 
Era tan joven, entonces, que nadie pensó en la posibilidad de que escalara un cargo de tanta importancia en la administración del aparato colonial, pero el tipo tenía sus encantos de los cuales el gobernador Ovando quedó prendado, y a la muerte del tesorero Villacorta, Ovando lo nombró de forma provisional. 
El padre Las Casas detalla el tipo de vida que llevaba el tesorero, cuyas fiestas continuas y estruendosas, sus comidas opíparas, la arboladura de sus sedas, y el toque mayestático de su apostura, comenzaron a ser la comidilla de la apacible vida del solar colonial.
Eso que ahora los sociólogos llaman “poder de mostración social”, y que es el cencerro que los corruptos de todos los tiempos arrastran, terminó hundiendo al tesorero Cristóbal de Santa Clara. 
De esta manera se consagró como el primer corrupto documentado de la isla, pero, como la corrupción nació hermanada a la impunidad, Cristóbal de Santa Clara siguió siendo un personaje importante. Y volverlo a evocar ahora es más que una necesidad, puesto que su herencia ha germinado con extraordinarios bríos en la malhadada historia de nuestro país. 
El renombrado Miguel de Pasamontes vendió en subasta pública todos los bienes de Cristóbal de Santa Clara, después del juicio de residencia, pero su amistad con el gobernador Ovando lo resguardó, hasta el punto de que muchos de los bienes  del condenado fueron recuperados a través de intermediarios que hacían propuestas en la puja de la venta pública de sus propiedades. 
En el libro de  Esteban Mira Caballos “Nicolás de Ovando y los orígenes del sistema colonial” hay una exhaustiva documentación de este personaje, al cual, como van las cosas, terminaremos venerándole con  una estatua medio a medio del parque Colón.

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