12.04.2015

Ramón de Luna critica lo que pasa con la justicia dominicana

Ellos son los culpables.

Nunca antes la Justicia dominicana se vio tan cuestionada. Es tal el cuestionamiento de que hoy es objeto, que luce arrinconada y al borde del colapso.
El segundo poder del Estado recibe las más acerbas críticas provenientes de todos los sectores por cómo fue conformada por los principales partidos políticos de entonces, el de la Liberación Dominicana y el Revolucionario Dominicano.
Convenios de aposentos sirvieron de base para insuflar en un organismo que, en todas partes del mundo debe estar ausente de carácter político, a fin de que desempeñe su rol sin favor ni temor e imparta Justicia sin ver el color ni el estatus social del individuo. Por eso es que la diosa de la Justicia aparece con una venda en los ojos.
Pero, aquí no sucedió así. Los politiqueros nombraron a sus mejores cuadros para que integrasen la Suprema Corte de Justicia y el Tribunal Constitucional, en un país donde el representante de la sociedad es nombrado por el Poder Ejecutivo, papel que se le asigna siempre a un político partidario.
Así no puede haber probidad en ese poder del Estado, lo que ha sido evidente en numerosos casos que hoy afloran y que ponen en entredicho a la justicia dominicana. Jueces que venden sentencias y órdenes para que a Fulano su pesado brazo no lo toque; medidas de coerción benignas o ausentes, a cambio de dinero y una serie de triquiñuelas a las que se han prestado los politiqueros del patio.
Así no puede funcionar un país, donde la institucionalidad brilla por su ausencia. Ha sido por eso que somos el hazmerreir del mundo.
Los narcotraficantes franceses alegaron esto al llegar a Francia y el procónsul norteamericano así nos lo hace saber.
Los dominicanos tenemos que revisarnos. Tenemos que salir de los politicastros que nos han llevado por ese derrotero. Tenemos que abrir bien los ojos en el momento de elegir a quienes nos han de gobernar, a fin de que no lleguen a los puestos de dirección los funestos funcionarios que hoy nos gastamos.
De lo contrario, seguiremos yendo a la deriva y al desastre.
Ramón De Luna

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