abril 30, 2009

Una noche inolvidable con El Maestro


Por: José J. Záiter

Llegamos a las siete de la noche pensando que estaríamos temprano para un show pautado para comenzar una hora más tarde. Pero cuando entramos al famoso y acogedor Blue Note Night Club de la ciudad de Nueva York, el lugar ya estaba prácticamente a capacidad.

La suerte nos acompañó y como un oasis en el medio de un desierto esperaba por nosotros la pequeña mesa con dos sillas estratégicamente localizada.

De repente a las ocho en punto y para el deleite de todos, por una estrecha escaleras vestido tradicionalmente de negro y con su contagiosa sonrisa aparece el pianista dominicano más reconocido en el mundo – Michel Camilo. Le seguía el carismático bajista cubano Charles Flores y el veterano baterísta norteamericano Cliff Almond.

“Primeramente, gracias por venir. Estamos en el medio de nuestra gira mundial…regresamos la semana pasada de Japón y mañana finalizamos nuestro compromiso aquí en el Blue Note. Después viajamos a Turquía, Viena, Italia, Alemania, Eslovenia y otros lugares más,” informo a su fiel audiencia el virtuoso pianista.

Sin más preámbulo, Flores y Almond enfocan sus miradas hacia la derecha de la pequeña tarima esperando que el maestro se sentara frente al Stainway & Sons.

Se disminuyen las luces y el silencio absoluto se apodera de la audiencia compuesta mayormente de anglosajones salpicada con latinos, afro-americanos y asiáticos.

Con una concentración enorme los reducidos dedos empezaron a ponerle ritmo a las blancas y las negras mientras el contrabajo de Flores y la batería de Almond complementaban una sincronización perfecta de jazz con fusión tropical llamada “Suntan”.Así empezó la esperada obra maestra y por espacio de hora y medias esas manos mágicas controlaron la devoción y emociones de todos.

A veces se movían con la rapidez de una estrella fugaz transmitiendo una energía enorme, mientras que en otras ocasiones el tempo acariciaba el sentimiento más profundo del alma. Formaba expresiones faciales como si le estuviera hablando a las notas.

De vez en cuando subía los ojos y le enviaba señales de humo a Flores y Almond con un gesto de aprobación.

Era clásico, era contemporáneo, era caribe, era Michel Camilo. A la vez, mi cuerpo se iba absorbiendo con reverencia y dominicanidad motivado por las continuas muestras de aprobación de un talento prodigioso.

Al final del espectáculo, tuvimos la oportunidad de visitarlo al camerino y mientras esperábamos para saludarlo, el conversaba con un joven asiático quien le platico, a propósito visiblemente nervioso, que era su fanático y estudiante de piano y que durante la presentación noto que sus manos eran parecidas en tamaño pero que él no podía tocar tan rápido.

El maestro le contesto con una suave sonrisa, “deja que vuelen y no lo pienses mucho.”

Cuando llego nuestro turno nos dimos un fuerte abrazo y le entregue una tarjeta que le había enviado su prima la Dra. Sara Coen y le transmití mi admiración y el sentir de ser su compatriota.

También le informe que habíamos viajado exclusivamente desde la Florida para cumplir un deseo de ver su presentación en el Blue Note.

“Espero que no te haya defraudado...ven vamos a tomarnos una foto,” contesto el maestro.

Así termino una noche que nunca olvidaré.

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