enero 12, 2009

El año pasado yo me di a Fefita la Grande Por Henry Familia / New York City.


Haciendo un recuento de todas las cosas bonitas que tuve la oportundad de vivir el pasado año, me encuentro con uno de los momentos más emocionantes que he disfrutado en los últimos tiempos.

Sucedió en el viaje que realicé en noviembre a mi tierra la República Dominicana, y sería mi primer fin de semana en la patria cuando me entero que Fefita la Grande estaria tocando en mi pueblo San Francisco de Macoris.

Estaba yo en Santiago, y fue allí que me llegó la información de que esa distinguida dama del sentir del campo adentro llegaria esa noche con su música típica a la ciudad del Jaya. Mi emoción fue enorme, y mi alegria fue tremenda.

-Fernando - le dije a mi primo- me voy pa’ San Francisco.
-Qué pasó? me preguntó; la vieja Fefa va a tocar en nuestro pueblo ésta noche viernes, y a esa mujer hace mucho que quiero verla, es urgente que hoy la vea.
-Dale pa’llá- me dijo el primo. Así lo hice. Llegué a la capital del nordeste alrededor de las 7 de la noche -muy temprano- me da tiempo a ir al estadio me dije, esa noche habia juego. Llamé a uno de mis amigos para invitarlo, no sin antes hacerle saber que mi intención para esa noche no era otra que disfrutarme a mi vieja acordionista. Grata noticia para mí, él tambien estaba en lo mísmo.

Arrancó el partido; y vaya cosa de la vida, yo estaba en el play, pero mi mente estaba en ella. Los minutos no pasaban o mi reloj se había detenido. Veía con tanta frecuencia mi muñeca izquierda, que ya mi brazo se paraba solo frente a mi cara. Parecía yo un adolescente que tendría esa noche su primera cita sentimental.

En el transcurso del partido nos juntamos unos cuantos amigos que coincidencialmente teniamos la misma inquietud; después del juego, gozarnos la vieja Fefa.

Cuando terminó el encuentro (ganaron los Gigantes al Escogido) ya sabíamos que Fefita habia arrancado con el jaleo de su acordeón, y no hubo tiempo para el baño con el perfume. Nos fuímos derechito pa’ la fiesta.

Allí llegamos… a Yudull. Y alli estaba yo, en su fiesta, yo miraba hacia arriba, hacia el lugar en donde ella se encontraba. Mirandola como un tonto enamorado que quiere alcanzar la luna, porque ella estaba en lo alto. En la tarima de ese lugar que hay que mirar como para el cielo.

Quería abrazarla, darle un beso, y decirle al oido todo aquello que sentía por ella. Los tres amigos que me acompañaban esperamos que terminara su primera entrega al público y como niños desesperados por abrazar a alguien que idolatramos, nos dirigimos a su camerino. Tuvimos que esperar porque ella no estaba allí en ese momento.

De repente apareció; yo me quedé perplejo al verla personalmente, puso cara como de asombro al toparse con estos cuatro individuos a los que ella nunca jamás habia visto en su vida, y yo rápidamente le hice saber el porqué estabamos allí.

-Vieja Fefa- le dije; vine a abrazarla, a darle un beso y a expresarle mi admiracion personalmente, (egoistamente hablé por mí solo cuando en realidad éramos cuatro).
-Soy Henry Familia, locutor de New York y vengo desde Santiago en esta noche para verla a usted exclusivamente.
-Ah que bueno caramba! con cara de incrédula me contestó.

En cuestión de segundos y como por arte de magia, todo el camerino de la vieja Fefa se llenó de admiradores, en su mayoria jóvenes. Fue el momento que aproveché para que todos los alli presentes levantaramos juntos nuestras copas para hacer un brindis por aquella dama que ahí estaba junto a nosotros.

Me salieron tantas bonitos palabras para expresarselas a Fefita que sentada en aquel lugar, sumergió su cabeza en su rodilla para luego levantarla y con los brazos abiertos y sus ojos húmedos agradecerme sinceramente lo que yo estaba haciendo en ese momento por ella, junto a los demás presentes.

De vuelta en la tarima la vieja Fefa, no me sentí satisfecho con lo que hice, o hicimos en el camerino. Había que hacer lo mismo pero esta vez frente a todos los que habian asistido a esa fiesta a disfrutar de su música. Al animador que era mi amigo le hablé de mis intenciones, él estuvo de acuerdo, me llamó al escenario, yo había acordado con un grupo de muchachos y subimos un puñado, y ésto fue más o menos lo que dije:

“Señoras y señores; quiero pedirles a todos ustedes aqui presentes, que en nombre de nuestro pueblo, y en nombre de nuestro país, le rindamos un gran homenaje a ésta gran dama que por tantos años nos ha venido alegrando con su acordeón, su canto y su alegría. Levantando todos nuestras copas, demos gracias a Dios por haber permitido que una historia viviente como la que tenemos aquí en ésta noche, haya nacido en nuestra tierra, viva su música, viva la República Dominicana… y larga vida para ella; un trago por su salud.

Su emoción fue enorme según lo expresó al público. Más luego me mandó a decir que nunca se habia sentido tan bien en una fiesta como en esa noche (cosa de artistas). Siempre recordaré su voz y su jocosidad cuando en medio de un fuerte abrazo y un beso en su mejilla, como agradecimiento, en forma de broma en aquel momento me dijo; “no me abraces tan fuerte que tu lo que quieres es aprovecharte de mi abusador”.

La fiesta se reanudó. La vieja Fefa pasó su acordeón a su segundo acordeonista, y eran simultaneos los movimientos de su cintura con los gritos de “HENRY”. Y todo el mundo dijo… a bailar se ha dicho. Carrrájo!!!

Y fue así como en el pasado 2008, y después de muchos años… yo me dí la vieja Fefa.
Mi humilde homenaje para ella, y gracias por alegrarnos con su música.

De un admirador sincero.

henry.bambino@gmail.com

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